Apuntes sobre mindfulness, Byung-Chul Han y las patologias del exceso

Hacía tiempo que no tenía un encuentro con los libros de psicología en una conocida librería de valenciana. En parte, debido a mi interés por otros tipos de literatura por lo cuál inicialmente me sorprendió el total de espacio dedicado al mindfulness.

El neófito, si es que queda alguno en este asunto, se preguntará: ¿Qué es esto del mindfulness del que habla todo el mundo? Resumiendo, es una técnica cuyo objetivo es una atención constante y plena, en nuestra relación con los otros (para lo cual también es interesante una atención activa) y con nosotros mismos. Utilizando una vieja y querida expresión que nos solían decir nuestros mayores,”estar con los cinco sentidos en las cosas“.

En parte no me sorprende la enorme demanda de libros de esta temática, teniendo en cuenta la atención dispersa (multitasking) y el continuo consumo de novedades que caracteriza al sujeto contemporáneo. Esta dinámica me recuerda lo que decía Giorgio Agamben en su libro ‘historia y experiencia‘:

el hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de acontecimientos-divertidos o tediosos, insólitos o comunes, atroces o placenteros-sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia

Todo esto me lleva a pensar sobre la necesidad de introducir paréntesis o espacios para la reflexión. Sin estos estados contemplativos no habría nacido la filosofía o los clásicos de nuestra cultura.

Además de este constante devenir de acontecimientos, otro de los imperativos de nuestro tiempo es el de transparencia. Utilizada políticamente para combatir la corrupción, la generalización de la transparencia hacia otros ámbitos de la vida, puede coadyuvar a disminuir esos necesarios espacios de intimidad personal.

La transparencia afecta a las relaciones personales al despojarlas del Eros. Así el deseo se desvanece en la necesidad de un goce imperativo.

De todas formas, en este artículo no estoy deplorando algunas realidades, se trataría más bien de ser más consciente de algunos desarrollos actuales, que caracterizan a nuestra vida cotidiana.

Byung-Chul Han, autor surcoreano radicado en Alemania en cuyas ideas me he basado para escribir este artículo, hace gala de su reivindicación de la negatividad.  El ser no se constituye solo por por un contínuo positivismo edulcorante, sino también de aspectos negativos. Para Hegel, otro filósofo en el que se basa el coreano, la negatividad es la que pone los límites al sujeto, sin esta, el sujeto, correría el riesgo de convertirse en una abstracción irreal.

No quisiera terminar este artículo sin mencionar las consecuencias en patología que caracterizan nuestro tiempo según el filósofo y  ensayista coreano a la luz de su pensamiento como la depresión, el síndrome de desgaste profesional (SDO) o el déficit de atención e hiperactivad (TDH), entre otras variables también serían consecuencia de un desgaste positivista. Como también apunta el psiquiatra Fernando Colina en “Melancolía y Paranoia”

Hoy en día, si no deseas de continuo quedas excluido. El descanso y la lentitud representan sendos equivalentes del fracaso. Y no digamos nada de la paciencia. Hasta el ocio se ha convertido poco a poco en una obligación inexcusable, en un derecho que no se puede postergar. Así se entiende que vivamos a toda velocidad pero bajo el espectro de una depresión generalizada y de un hombre sin gravedad y con fatiga de ser.

descanso durante el otoño de william Bouguereau