El arte de escuchar bien

Un diálogo se asemeja a un buen baile en el que, acompañados de nuestra pareja, vamos cambiando de roles: a veces escuchando, otras de las veces hablando. Vamos pasando de la posición de emisor a la de receptor al son del lenguaje.

Pero, ¿qué es lo que hace a una buena escucha tan especial?

Para empezar, ten en cuenta que escuchar no es lo mismo que oír. Oír es algo pasivo; simplemente callamos, pero no prestamos atención a lo que nos dicen, y la mayoría de las veces, ni siquiera a quién nos está hablando.

La buena escucha requiere sintonizar, hacerse cargo del estado del otro, no solo de lo que dice, sino también de qué le pasa, cómo se siente, qué necesita. En síntesis, una actitud de empatía.

Imagínate que ese partenaire con quien mantienes ese interesante diálogo es tu pareja, un ser querido, un amigo. Una buena escucha puede sacar lo mejor de esa persona a la que aprecias.

Es fácil decirlo…

De acuerdo, hay momentos del día a día en que uno no está en condiciones de dialogar: problemas en el trabajo, algún comentario de alguien nos ha llevado a una contradicción interna, hemos tenido un mal sueño esa noche, una idea o acontecimiento intrusivo (una obsesión, una manía, etc.). Y así, se juntan varias circunstancias que nos intentan arruinar el día.

Imagina que en el transcurso de alguna de estas circunstancias que te he descrito te llamara tu jefe o alguien importante para hablarte de un tema relevante. ¿Seguro que le escucharías con la misma actitud pasiva que a tu compañero/a? Piensa en ello porque a lo mejor estás cambiando las tornas y empezando a cometer uno de los errores fundamentales: dar más importancia a lo urgente que a lo importante.

Gestiona tus sentidos

Además de una buena actitud hemos de saber gestionar y poner a punto nuestros sentidos. En nuestro caso, los oídos, abrirlos un poco más  sin desviar la atención hacia otros elementos del diálogo más periféricos que no representan la idea central de lo que nos quieren expresar.

Ten paciencia, haz uso de la templanza y no seas un maleducado, no interrumpas cada dos por tres para expresar lo que te conviene. Incluso si cuando estás escuchando a tu pareja te llega alguna idea importante a tu mente, deja que desaparezca, ya llegará tu momento de expresarte.

 

una buena escucha una actitud activa

 

Recuerda la metáfora del baile que te he comentado en las primeras lineas de este artículo, ahora estás en tu fase de escucha… ya llegará tu turno para hablar. ¿A que te son familiares esas situaciones en las que estás deseando que termine la frase tu pareja para continuar hablando de tu tema? Normalmente con estas expresiones: “Pues mira, lo que me ha pasado a mí”, “a propósito de lo que has dicho”, etc. En estos momentos estás dando el siguiente mensaje implícito a tu pareja: no me importa lo que me estás diciendo, es mi historia la relevante.

Un buen directivo sabe escuchar

Además de ser importante en la vida personal y de pareja, la cualidad de escuchar bien es útil en entornos más pragmáticos, como el de la empresa o el laboral.

La capacidad de liderazgo tiene mucho que ver con una buena escucha. Ese pulso a la realidad que hemos comentado en varias ocasiones es necesario si se quiere hacer un buen trabajo. No me imagino a un Steve Jobs o un exigente directivo o CEO incapaz de saber exactamente lo que ocurre en su sector. Junto a una capacidad de síntesis, resolución de conflictos y toma de decisiones, sería poco probable que tuviera éxito su gestión.

También en el liderazgo de equipos, escuchar y tener en cuenta el punto de vista de los demás es un factor motivador. Nada resulta más satisfactorio que sabernos escuchados.

Por otra parte en las entrevistas laborales, el factor de empatía tiene mucho que ver con saber escuchar, ya que determina un eficiente trabajo en equipo y ponerse en el lugar del otro.

De vuelta a la sabiduría griega

En algunos aspectos, el acto de escuchar bien se asemeja a la virtud que los antiguos griegos denominaban “prudencia“. Una persona prudente era la que sabía tomar la medida de la realidad, estando en disposición de un conocimiento objetivo y real de las cosas que nos suceden. Qué duda cabe, que el que hace un esfuerzo por escuchar bien, junto a una buena capacidad de síntesis y reflexión, será capaz de tomar ese pulso necesario a una vida cada vez más llena de estímulos frugales.